Aprender a escuchar, respetar y agradecer el cuerpo que nos sostiene cada día
Por Luis Mellado
Instructor Certificado de Pilates | Salud y Bienestar Integral | Miami, Florida
Cuando pensamos en los grandes regalos que hemos recibido a lo largo de nuestra vida, probablemente recordamos personas, momentos, oportunidades o cosas que alguna vez deseamos mucho. Pero existe un regalo que estaba con nosotros antes de que pudiéramos siquiera reconocerlo: nuestro cuerpo.
Ese cuerpo que respira mientras dormimos, que se adapta, que aprende, que busca equilibrio y que continúa sosteniéndonos incluso en los días en los que no somos conscientes de todo lo que hace por nosotros. Y, paradójicamente, muchas veces es también aquello que más criticamos.
Queremos que sea más fuerte, más delgado, más flexible, más joven. Nos comparamos. Nos exigimos. Nos frustramos cuando aparece una limitación o cuando ya no responde de la misma manera que hace diez o veinte años. Pasamos tanto tiempo observando lo que quisiéramos cambiar que podemos olvidar todo aquello que nuestro cuerpo continúa haciendo por nosotros cada día.
Pero pocas veces nos detenemos simplemente a decir: gracias.
Gracias a mis piernas porque todavía me llevan de un lugar a otro. Gracias a mis brazos porque puedo abrazar. Gracias a mi columna porque me sostiene. Gracias a mis pulmones porque siguen expandiéndose con cada respiración. Gracias a mi cuerpo porque, aun con sus cambios, sigue intentando encontrar equilibrio.
Agradecer nuestro cuerpo no significa negar el dolor, las limitaciones o las dificultades. Tampoco significa conformarnos ni dejar de trabajar para sentirnos mejor. Significa algo diferente: cambiar la relación que tenemos con él.
Después de 17 años trabajando con personas a través del Pilates, he aprendido algo importante: el cuerpo no necesita que peleemos constantemente contra él. Necesita que aprendamos a escucharlo. Muchas veces tratamos el cuerpo desde la exigencia. Queremos que responda, que llegue más lejos, que tenga más fuerza, que sea más flexible, que no se canse o que deje de doler.
Cuando aparece una tensión, una rigidez o una limitación, nuestra primera reacción suele ser querer eliminarla inmediatamente. Pero ¿qué pasaría si antes de exigir una respuesta nos preguntáramos qué necesita nuestro cuerpo? Quizás necesita movimiento. Quizás descanso. Quizás respirar mejor. Quizás recuperar fuerza. Quizás necesita tiempo. O quizás simplemente necesita que dejemos de tratarlo como una máquina que tiene que responder siempre exactamente como queremos.
Escuchar el cuerpo no significa dejar de avanzar. Muchas veces significa encontrar una manera más inteligente y consciente de hacerlo.
No quiero que esto suene a fórmula mágica ni a promesa exagerada, así que vale la pena decir con honestidad qué muestra hasta ahora la evidencia científica sobre la gratitud.
Uno de los estudios más citados en este campo pidió a diferentes grupos de personas registrar periódicamente experiencias relacionadas con la gratitud y comparó sus resultados con otras condiciones. Los investigadores encontraron efectos favorables en distintos indicadores de bienestar; en uno de los estudios, quienes llevaron un registro semanal de gratitud también informaron más ejercicio y menos síntomas físicos.¹
Investigaciones posteriores han examinado en conjunto numerosos estudios sobre intervenciones de gratitud, como escribir sobre aquello que agradecemos o realizar ejercicios deliberados de gratitud. Un metaanálisis encontró efectos pequeños pero significativos sobre síntomas de depresión y ansiedad, con algunos efectos observados también durante el seguimiento.²
Ninguno de estos hallazgos convierte a la gratitud en un tratamiento clínico ni en un sustituto de ayuda profesional cuando se necesita. Pero sí sugieren algo que vale la pena considerar: agradecer conscientemente no tiene por qué ser solamente un gesto emocional agradable. También puede formar parte de prácticas orientadas al bienestar psicológico.
Para mí, el Pilates nunca ha sido solamente una serie de ejercicios. Es una oportunidad para regresar al cuerpo.
Cuando respiramos conscientemente, cuando sentimos cómo se mueve nuestra columna, cuando activamos nuestro centro sin violencia y cuando realizamos un movimiento prestando atención a lo que sentimos, estamos haciendo algo mucho más profundo que completar una repetición. Estamos presentes. Estamos aprendiendo a reconocer sensaciones que quizá durante mucho tiempo ignoramos. Y de alguna manera estamos diciendo: estoy aquí, te escucho, te cuido. Y eso también es gratitud.
No necesitamos realizar movimientos extraordinarios para valorar nuestro cuerpo. A veces basta con descubrir que hoy podemos mover un poco mejor los hombros, respirar con mayor amplitud, caminar con más confianza o levantarnos de una silla con mayor seguridad. Lo pequeño también cuenta.
De hecho, después de muchos años enseñando, he aprendido a valorar enormemente esos pequeños cambios. Porque detrás de un movimiento que parece sencillo puede existir un proceso enorme de confianza, conciencia y recuperación.
Moverse conscientemente también puede ser una forma de escuchar, cuidar y agradecer nuestro cuerpo.
EL CUERPO CAMBIA, Y NOSOTROS TAMBIÉN
Nuestro cuerpo no es el mismo durante toda la vida. Cambia con los años, con nuestras experiencias, con nuestros hábitos y con las diferentes etapas que atravesamos. Y quizá parte del bienestar consiste precisamente en aprender a relacionarnos con el cuerpo que tenemos hoy, no vivir constantemente comparándolo con el que tuvimos hace diez, veinte o treinta años.
Esto no significa renunciar a mejorar. Podemos trabajar nuestra fuerza. Podemos recuperar movilidad. Podemos mejorar nuestro equilibrio. Podemos aprender nuevas maneras de movernos y continuar desarrollando nuestras capacidades. Pero podemos hacerlo desde el cuidado y no desde el rechazo.
Existe una diferencia enorme entre movernos porque odiamos algo de nuestro cuerpo y movernos porque queremos cuidarlo. El movimiento puede nacer de la exigencia, pero también puede nacer del respeto.
Habrá días en los que nuestro cuerpo no responda como esperamos. En esos momentos podemos quedarnos únicamente mirando aquello que no funciona o podemos hacer el ejercicio consciente de reconocer también todo aquello que sí sigue funcionando.
Respirar. Caminar. Sentir. Mover una mano. Girar la cabeza. Abrazar. Sonreír. Descansar. Pueden parecernos acciones normales porque las repetimos todos los días, pero detrás de cada una existe una extraordinaria coordinación de nuestro organismo.
Nuestro cuerpo realiza constantemente procesos que no necesitamos ordenar conscientemente para que ocurran. El corazón continúa latiendo. La respiración continúa. Nuestro sistema nervioso recibe y procesa información. Los músculos responden a nuestras decisiones de movimiento. Y gran parte de todo esto sucede mientras nosotros simplemente vivimos.
Tal vez la gratitud comience precisamente allí: cuando dejamos de dar por sentado lo que nuestro cuerpo hace por nosotros.
Una de las cosas que intento transmitir en mis clases es que no debemos movernos únicamente para cambiar la apariencia del cuerpo. También podemos movernos para conocerlo, sentirlo, recuperar confianza en él, descubrir nuestras posibilidades y construir una relación diferente con nosotros mismos.
Hay una gran diferencia entre simplemente tener un cuerpo y aprender a habitarlo. Habitar el cuerpo significa estar presentes dentro de él. Reconocer nuestra respiración. Percibir nuestras tensiones. Descubrir cómo nos movemos. Entender cuándo necesitamos esfuerzo y cuándo necesitamos disminuirlo. Significa comenzar a escuchar señales que probablemente siempre estuvieron allí. Y esa conciencia puede transformar nuestra manera de movernos.
La neurociencia utiliza el término interocepción para referirse al proceso mediante el cual el sistema nervioso percibe, interpreta e integra señales procedentes del interior del cuerpo. La investigación sobre interocepción ha relacionado la capacidad de reconocer y procesar estas señales internas con la regulación emocional. Además, existen enfoques de conciencia corporal diseñados específicamente para desarrollar estas habilidades.³
Dicho de una manera mucho más sencilla: prestar atención al cuerpo importa. Cuando observamos nuestra respiración, nuestras tensiones y nuestras sensaciones mientras nos movemos, estamos desarrollando una relación más consciente con aquello que sucede dentro de nosotros.
Porque el verdadero bienestar no consiste en tener un cuerpo perfecto. Consiste en aprender a habitar nuestro cuerpo con mayor conciencia, respeto y presencia.
Hoy te propongo algo muy sencillo. No necesitas un equipo de Pilates. No necesitas una hora disponible. Ni siquiera necesitas cambiarte de ropa.
Detente unos segundos. Respira profundamente. Siente cómo el aire entra y sale. Observa tu cuerpo sin juzgarlo. Y en lugar de preguntarte inmediatamente qué quisieras cambiar, pregúntate: ¿qué puedo agradecerle hoy a mi cuerpo?
Tal vez agradezcas tus piernas porque te permiten caminar. Tus manos porque puedes tocar. Tus ojos porque puedes mirar. Tu respiración porque continúa acompañándote. O simplemente agradezcas que hoy estás aquí.
Quizás descubras que hay mucho más de lo que imaginabas. Cuidar el cuerpo también es agradecerlo. Y cuando aprendemos a escucharlo, respetarlo y moverlo conscientemente, el movimiento deja de ser solamente ejercicio y comienza a convertirse en una forma de transformación.
RESPIRA, MUÉVETE, TRANSFORMA.
1. Emmons, R. A., & McCullough, M. E. (2003). Counting Blessings Versus Burdens: An Experimental Investigation of Gratitude and Subjective Well-Being in Daily Life. Journal of Personality and Social Psychology, 84(2), 377–389. Artículo científico
2. Cregg, D. R., & Cheavens, J. S. (2021). Gratitude Interventions: Effective Self-help? A Meta-analysis of the Impact on Symptoms of Depression and Anxiety. Journal of Happiness Studies, 22, 413–445. Artículo científico
3. Price, C. J., & Hooven, C. (2018). Interoceptive Awareness Skills for Emotion Regulation: Theory and Approach of Mindful Awareness in Body-Oriented Therapy (MABT). Frontiers in Psychology, 9, 798. Artículo científico
Así sí: cuando lo pegues, cada idea queda corrida dentro de su párrafo y no con un Enter después de cada oración. Los únicos saltos importantes son entre párrafos y antes/después de cada subtítulo.